| PRINCIPIOS PARA UNA ESCUELA INCLUSIVA EN EL SIGLO XXI |
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| escrito por Pedro Navareño Pinadero | |||||||
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Pedro Navareño Pinadero
Inspector de Educación. Cáceres
Consejería de Educación Cultura. Gobierno
de Extremadura. España.
http://reflexioneseducativa.blogspot.com.es/ Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla “En tiempos de cambio, los aprendices heredarán la tierra, mientras que los sabelotodo, estarán perfectamente equipados para desenvolverse en un mundo que ya habrá dejado de existir.” Eric Hoffer. RESUMEN
1.- INTRODUCCIÓN.
Es
nuestro propósito, en este trabajo, hacer una breve reflexión en voz alta, a
medio camino entre la teoría y la práctica educativa, retroalimentada por el
conocimiento acumulado en esta materia, sobre cuál es la situación actual de la
organización escolar y cuáles podrían ser las condiciones, prácticas y principios
para una escuela inclusiva en el siglo XXI, y por tanto, qué características
debería cumplir una nueva organización escolar para dar respuesta a la sociedad
del siglo que acabamos de iniciar.
En
un contexto de cambio permanente como en el que nos encontramos, en el que lo único seguro es la incertidumbre
de un mundo impredecible, y en el que, por otro lado, la historia de las
últimas décadas ha puesto de manifiesto que el éxito final no se puede asentar
en el beneficio de unos pocos, sino que debe hincar sus raíces en la inclusión
social, la dignidad, la equidad y en un mundo sostenible, como única forma de
alcanzar un futuro mejor para todos.
Así
pues, para contextualizar nuestra aportación, partimos de un sencillo análisis
de cuál es la situación de la sociedad en los inicios del siglo XXI y cuáles
son sus demandas educativas, es decir hacía donde deberíamos caminar para ganar
el futuro y lograr una sociedad más justa, más sostenible, de libertad y en
paz.
En
segundo lugar, hacemos un breve análisis de la organización escolar, la cual no
deja de ser un subsistema que está inmerso en los valores y la cultura de cada
sociedad. Además de ser fruto de la tradición, del momento histórico y del contexto en el que, en cada caso, se
desarrolla.
Esta
organización escolar en la actualidad responde más a las necesidades de una
tradición cultural y de la concepción de una sociedad industrial que de una
sociedad del conocimiento y global como la que tenemos en estos momentos; la
cual está sometida a cambios vertiginosos que, en muchas ocasiones, son
imperceptibles para nuestros sentidos, aunque somos partícipes de ellos y
contribuimos a su desarrollo, transitando por caminos que unas minorías
dominantes, sabedoras de nuestros intereses y necesidades, diseñan en su propio
beneficio más que pensando en la construcción del bien común.
En
tercer lugar, nos proponemos reflexionar sobre cuáles son las prácticas y
principios que debería tener un modelo
de organización escolar inclusiva para el siglo XXI. Teniendo en cuenta que
en las últimas décadas del siglo XX, la sociedad ha conocido cambios
extraordinarios en todos los ámbitos, consecuencia de una presencia desconocida
hasta entonces de las “tecnologías de la información y la comunicación”, que
han venido a revolucionar todos los ámbitos del saber, de la economía, de la
sociedad, de la cultura y de la política. Y, aún más, están operando cambios e
interacciones difíciles de valorar por no conocer muy bien las
consecuencias de su uso y aplicación.
Finalizaremos
con unas breves conclusiones sobre todo lo expuesto.
2.- LA SOCIEDAD A
PRINCIPIOS DEL SIGLO XXI.-
Para
poder entender la escuela actual y las nuevas demandas que se le hacen desde
esta sociedad actual es necesario conocer qué tipo de sociedad tenemos, qué
sistema de valores la dominan, cómo se gobierna, cuál es el orden
internacional, dónde y cómo se distribuyen los poderes en un mundo globalizado,
y cómo todos estos factores influyen en el reparto de la riqueza, la pobreza,
la paz, la justicia, etc. Y todo ello de acuerdo a cada contexto cultural,
económico, social y político; el cual conforma la vida singular de cada pueblo.
En definitiva tendremos que actuar en lo local pensando en lo global para poder
entender el papel que le corresponde jugar a la educación en este contexto.
Según
todos los indicadores de los informes de las grandes organismos
internacionales, especialmente las cifras del PNUD[1],
se viene poniendo de manifiesto que los avances de la ciencia y del desarrollo
económico actual no nos están conduciendo a conseguir una vida más digna para
todos, especialmente de aquellos que más
lo necesitan, ya que los niveles de desarrollo social, educativo,
económico y cultural ponen de manifiesto que la brecha entre pobres y ricos se
está incrementando.
Ante
esta situación, deberíamos procurar que toda acción humana que no contemple
como objetivo fundamental el bien general, para lograr un mundo más justo y
digno para las personas, en el que todos obtengamos aquello que necesitamos
para tener una vida digna, debería
encontrarse con nuestra más decidida resistencia e implicarnos para
luchar contra el reto de superar el desequilibrado e injusto mundo actual.
Por
tanto la escuela, como organización responsable de la educación básica de los
individuos, que tiene como fin último convertirnos en ciudadanos, debe tomar
conciencia de: ¿cuál es su papel?, ¿qué debe enseñar?, ¿qué valores son dignos
de ser transmitidos?, etc. Y los educadores, por ende, debemos repensar ¿cuál es nuestro papel en esta sociedad? y
¿cuáles deberían ser nuestros desvelos profesionales en el ejercicio de nuestro
rol profesional?, pues en nuestras manos está dar sentido a la educación por
encima de tradiciones, injusticias, normas y rutinas.
En
estas circunstancias, lo que se debe plantear en cualquier tipo de
organización, incluso en las de marcado carácter económico o empresarial, es
que la rentabilidad debe medirse no sólo por los resultados economicistas, sino
sobre todo, por la rentabilidad social y por su sostenibilidad. Pues una
organización será rentable solo si con su actividad beneficia a todos los que
tienen alguna relación con ella, no solo sus accionistas, sino también sus
trabajadores y todos aquellos que indirectamente trabajan en torno a ella. Y en la que, además, se respete el medio
ambiente y la sostenibilidad de su “producción”, por encima de la obtención de
beneficios lo más grandes y rápidos posibles para unos pocos.
Igualmente
será necesario tener presente que los conocimientos y sus ciclos, al igual que
los adelantos tecnológicos, son más cortos que el propio ciclo vital de los
individuos; por lo que podríamos decir que aproximadamente hasta mediados del
siglo XX, los adelantos y los cambios en diferentes campos del saber nos eran
imperceptibles por su lentitud, pues su vigencia superaba con creces la
duración de las personas. Pues, igualmente podemos decir, que a partir de ese
momento estos cambios tienen una vigencia tan corta que no alcanzamos a
percibirlos por su rapidez, produciéndose el fenómeno de la obsolescencia
(RODRÍGUEZ DE LAS HERAS, A. 1991, 27), es decir dejamos de usar los aparatos en
pleno funcionamiento por haber perdido su eficiencia por la aparición de otros
mucho más modernos y eficaces. Por tanto, esta sociedad nos obliga a aprender y
desaprender constantemente en el curso de nuestra vida y ello debe ser tenido
muy presente en los planteamientos y necesidades educativas, en los contenidos
a enseñar y las metodologías a utilizar.
Todo
ello nos lleva a considerar muy atinadas las palabras de ELZO, J., (2006, 15):
“En los tiempos actuales hay unos cambios y transformaciones en la sociedad que
hacen difícil la percepción de lo que es esencial respecto de lo accesorio”.
Para
este autor tres hechos centrales están marcando el paso de la sociedad moderna
a la posmoderna en el mundo occidental: la revolución tecnológica, la
globalización y la inserción sociolaboral de la mujer.
También
la irrupción de las TIC ha hecho que, las generaciones más jóvenes, en general
todo el alumnado actual que asiste a nuestros centros educativos, es nativo de
un mundo digital, mientras la gran mayoría del profesorado, todavía somos
“inmigrantes”. Todo ello tiene serías implicaciones en la forma de pensar, en
la propia concepción del aprendizaje, en la forma en la que se satisfacen las
necesidades y curiosidades, que naturalmente condicionan las necesidades e
intereses por aprender, pero sobre todo, en el modo en el que resulta más
adecuado relacionarse con las personas y con el conocimiento. Y ese fenómeno de
inmigración en el mundo digital debería tener profundas repercusiones en
el modelo organizativo de los centros
educativos. Así podría resultar cierto aquello que se suele decir que tenemos "escuelas
del siglo XIX con docentes del siglo XX para alumnos del siglo XXI." (MONEREO,
C. y POZO, J.I. 2001, 50)[2]
En
este sentido, la inclusión de los ordenadores en los centros educativos, con
más frecuencia de lo deseado, es más un acto de presencia que de un verdadero
cambio y transformación en la concepción de la escuela y de los procesos de
enseñanza aprendizaje. Por lo tanto sería bueno tener presente algunos
principios para la integración de los ordenadores en los centros educativos
tales como: inclusión y equidad, de formación, de enseñanza aprendizaje y de
utilidad (P. Navareño, 2004, 127); pues desconocemos las nuevas capacidades y
habilidades que necesitaran los ciudadanos que ahora pasan por nuestras
escuelas para manejarse entre los nuevos mundos tecnológicos que les esperan.
Por tanto deberíamos ponernos a transformar las escuelas para atender todas
esas potenciales necesidades formativas. Sin olvidar que los avances
tecnológicos que el hombre diseña para su uso y beneficio, acaban condicionando
su conducta y su comportamiento.
Pero,
quizá el fenómeno más importante que están produciendo los nuevos espacios
digitales, las fuentes de información, sus canales de distribución y su
accesibilidad en general, es la pérdida del poder transformador de
instituciones tradicionales como la escuela y la familia, como consecuencia de
lo cual están consiguiendo que cada vez sea más necesario replantear la función
social y educadora de estas instituciones para que se adapten a las nuevas
necesidades sociales. Pues como bien dice GADNER, H. (2008, 35) “creo que la
educación formal, tal como hoy la conocemos, aún sigue preparando a los
estudiantes para el mundo del pasado y no para los mundos posibles del futuro”.[3]
Por lo que es imprescindible repensar el papel que debe jugar la escuela y el
nuevo paradigma organizativo en el que debe basar el desempeño de sus
funciones, máxime si queremos que sea realmente inclusiva.
El
fenómeno de la producción de conocimiento en el último medio siglo, por ejemplo
en el campo de psicología y la neurociencia ha reunido más conocimiento que en
todas las épocas anteriores.
Si
miramos al mundo de los cambios vertiginosos de la economía y la globalidad, la
OCDE nos dice que una persona joven que se integre hoy en día en el mercado de
trabajo habrá de afrontar un mínimo de cinco o seis cambios de empleo. Incluso
los componentes de un mismo empleo se complejizan con el paso del tiempo,
cambiando en poco tiempo tanto que podría considerarse como un nuevo perfil. Al
respecto FEITO, R.[4], nos aporta algunos datos:
·
En los últimos 20 años se ha producido más
información que en los 5000 años anteriores.
·
La información se duplica cada 4 años y cada vez
con más celeridad. Hasta hace 100 años la información que utilizaba el ser
humano en su vida permanecía básicamente la misma por varias generaciones.
·
La información que ofrece cada día, por ejemplo,
el periódico New York Times es mayor
que la que una persona podría encontrar en el siglo XVII durante toda su vida.
·
El 80% de los nuevos empleos requiere habilidades
sofisticadas de tratamiento de la información.
·
Los empleos que implican el uso de Internet se
pagan cerca de un 50% más que los que no lo emplean.
·
En los próximos 5 años el 80% de los trabajadores
estará realizando su trabajo de forma diferente a como lo ha venido
desarrollando durante los últimos 50 años, o estará desempeñando otros empleos.
17 http://people.coe.ilstu.edu/rpriegle/wwwdocs/educationinfoage.htm
(ROD RIEGLE, 2007).
La
Unión Europea consignó en el año 2000 el tratado de Lisboa cuya pretensión era
convertir a Europa en la primera sociedad del conocimiento, por delante de los
Estados Unidos y de Japón. En términos educativos esto debiera traducirse en
que al menos el 85% de los jóvenes de entre 20 y 24 años obtengan al menos una
credencial de educación secundaria superior, es decir, bachiller o ciclos
formativos de grado medio.
Europa[5] para el año 2020 propone tres prioridades que
se refuerzan mutuamente:
·
Crecimiento inteligente: desarrollo de una economía
basada en el conocimiento y la innovación.
·
Crecimiento sostenible: promoción de una economía
que haga un uso más eficaz de los recursos, que sea más verde y competitiva.
·
Crecimiento integrador: fomento de una economía
con alto nivel de empleo que tenga cohesión social y territorial.
Y
junto a todo ello, se prevé que el 80% de la población se dedicará a servicios
relacionados con el conocimiento y la información. CALATAYUD, A. (2008,
137-138)
Otros
estudios internacionales nos dicen que las personas que acaban de llegar a la
edad laboral cambiarán de trabajo en su vida 6 veces. El 40 % de los trabajos
aún no se han inventado.
Como
consecuencia, la educación y formación que se demandará a los ciudadanos del
siglo XXI está muy lejos de la formación que ofrece una escuela centrada en un
contexto y currículum escolar como el actual. Así pues necesitamos repensar una
nueva organización escolar inclusiva cuyas prácticas y principios nos permitan
asegurar la educación del futuro para todos.
3.- LA ESCUELA ACTUAL.
a) Como organización.
En
la práctica social de valorar las instituciones, y en concreto en el caso de la
evaluación de la organización escolar, es bastante frecuente que coincidamos en
el diagnóstico, suele ocurrir así porque los signos externos y los resultados
que obtienen así lo ponen de manifiesto. Aunque no faltan análisis interesados
y sesgados de la realidad escolar por múltiples y diversas razones.
El
problema mayor surge con el pronóstico, es decir con el camino y las medidas
que se deben tomar para resolver los problemas que se nos plantean. Es ahí donde
realmente surge la controversia y discrepancia, pues es en esos momentos donde
de modo consciente o inconsciente, afloran nuestras creencias y se ponen de
manifiesto nuestros valores. Además, la educación y la escuela como
organización, alcanzan unos niveles de complejidad[6]
importantes, por tanto no es posible ni adecuado, acudir a soluciones o hacer
propuestas organizativas, que no sean entender la escuela como un subsistema
social que exige ser concebido como un sistema complejo.
Uno
de los problemas más importantes que tenemos en educación cuando tratamos de
acercarnos al análisis de la organización y el funcionamiento de los centros
escolares es que, por razones de diferente naturaleza, no solemos hacer
explícita la verdadera cultura escolar, el currículum oculto que circula en la
vida de los centros y que necesita de tiempo e instrumentos de observación para
ser conocido. Con frecuencia porque no la conocemos realmente y, en otras
ocasiones, porque simplemente los análisis se hacen desde perspectivas
interesadas que no vienen sino a desvirtuar aún más el problema y la realidad.
La
escuela actual se mueve entre la dependencia administrativa y la autonomía
pedagógica. La organización formal y la informal, aun en el mismo contexto,
puede presentar importantes diferencias de organización y funcionamiento.
Si
miramos al concierto internacional, estamos en la Década de la Educación para
el Desarrollo Sostenible[7], como
señala la UNESCO: “El Decenio de las Naciones Unidas para la educación con
miras al desarrollo sostenible pretende promover la educación como fundamento
de una sociedad más viable para la humanidad e integrar el desarrollo
sostenible en el sistema de enseñanza escolar a todos los niveles. El Decenio
intensificará igualmente la cooperación internacional en favor de la
elaboración y de la puesta en común de prácticas, políticas y programas
innovadores de educación para el desarrollo sostenible”(2005-2014). Aunque
estos planteamientos, con frecuencia, ni siquiera llegan a estar presentes en
muchas escuelas, cuyo profesorado tiene bastante con luchar y supervivir con
los problemas y dificultades diarios de su alumnado para alcanzar la jornada
siguiente.
Basta con
ello para comprender que, por ejemplo, una adecuada educación ambiental para un
desarrollo sostenible es incompatible con una publicidad agresiva que estimula
un consumo poco inteligente; pues resulta claramente contradictorio con lo que
debería ser un desarrollo sostenible, que es el único medio que nos permitirá
alcanzar un futuro mejor para todos. Pues de lo contrario ocurrirá que “Todos debemos mantenernos unidos o a buen seguro
nos colgarán a cada uno por separado”[8]
(FRANKLIN, B.).
En
España este modelo pudiera estar cambiando a diferente ritmo y modo como
consecuencia de las políticas educativas de los comunidades autónomas. Como
consecuencia de ello, con el paso del tiempo, se está iniciando a percibir
diferencias significativas entre las diferentes administraciones[9].
Los
rasgos característicos de la escuela como organización, según GAIRÍN, J. (1996,
29-30) son los siguientes:
·
Indefinición
de metas.
·
Naturaleza
de las metas.
·
Ambigüedad
de tecnologías.
·
Falta
de preparación técnica.
·
Debilidad
del sistema.
·
Vulnerabilidad.
A
todo ello añade Gairín otras especificaciones contextuales en el caso español
como: el modelo de dirección, autonomía limitada, inestabilidad de personal,
recursos externos, falta tiempo para la gestión e inexistencia de controles,
por todo lo cual el nivel de indeterminación es alto. (GAIRÍN, J. 1996, 29-31)
Si
a ello le añadimos que, la escuela como institución social formadora por
excelencia en otros tiempos, ha perdido buena parte de su vigencia y hegemonía
como espacio de formación, en beneficio de los nuevos medios y soportes, se
puede considerar que su papel en la sociedad actual y futura debe ser sometido
a profunda revisión.
La
“cultura escolar” es un fenómeno complejo y de muy difícil accesibilidad y
conocimiento, pues no se suele hacer explícita, aunque tiene una vigencia en la
vida de los centros, mucho más allá de lo que imaginamos. Y, desde luego, sin
ese conocimiento profundo del mundo relacional e ideológico que se esconde tras
la cultura organizativa, resulta muy difícil actuar o intervenir de manera
adecuada en la organización y funcionamiento de los centros.
El
concepto de “gramática de la escuela” del que nos habla VIÑAO, A. (1999, 20)
guarda claras similitudes con el de “cultura escolar”, aunque “más bien debe
hablarse en plural, de culturas escolares.”
Además, como nos sigue diciendo el mismo autor, “las reformas fracasan
no ya porque, como es sabido, todas ellas produzcan efectos no previstos, no
queridos e incluso opuestos a los buscados, no ya porque originen movimientos
de resistencia, no encuentren los apoyos necesarios o no acierten a implicar al
profesorado en su realización, no ya porque, al aplicarse, se conviertan en
ritualismo formal o burocrático, sino porque, por su misma naturaleza
a-histórica, ignoran la existencia de la "gramática de la escuela",
de ese conjunto de tradiciones y regularidades institucionales sedimentadas a
lo largo del tiempo, transmitidas de generación en generación por los
profesores, de modos de hacer y de pensar aprendidos a través de la experiencia
docente, de reglas de juego y supuestos compartidos, no puestos en entredicho,
que son los que permiten a los profesores organizar la actividad académica,
llevar la clase y, dada la sucesión de reformas ininterrumpidas que se plantean
desde el poder político y administrativo, adaptarlas, transformándolas, a las
exigencias que se derivan de dicha "gramática".” VIÑAO, A. (1999, 20)
Además
sabemos que la “cultura escolar” no es neutra, cada comportamiento, cada acción
dentro del contexto relacional de los grupos humanos y profesionales, como lo
son los centros educativos, pone de manifiesto ideas, valores y sentimientos no
siempre explícitos en la vida de los centros.
Otros
autores como SANTOS GUERRA, M. A.[10],
ponen el acento en otros aspectos menos formales de la organización escolar
pero igualmente importantes tales como:
a) Se ha minusvalorado la
dimensión afectiva…
b) Se ha concedido un valor
pedagógico infortunado al dolor…
c) No se ha valorado
suficientemente la dimensión instrumental de la afectividad…
d) No se han trabajado los
sentimientos de los integrantes en la escuela…
e) No se ha cultivado la
perspectiva teleológica de la vertiente emocional…
f) Las diferencias entre los
sexos no se han tenido en cuenta…
g) No se ha considerado una meta
la consecución de la felicidad…
h) La convivencia se ha planteado
exclusivamente como un modo de conseguir un clima o un ambiente propicio para
el aprendizaje.
i) Un enfoque homogeneizador,
escasamente preocupado por la diversidad de alumnado, ha dado a entender que
poco importaba la forma de pensar y de sentir de los aprendices.
j) El silencio en torno a los
temas de la sexualidad y de la vida afectiva ha dado lugar al mantenimiento o
la creación de estereotipos, tabúes, mitos y errores de consecuencias nefastas
para las personas.
…
Por
tanto, el modelo o prácticas formativas y organizativas de los centros
educativos, junto el estilo de liderazgo, los niveles de autonomía pedagógica
que se practican y el contexto social y geográfico, representan el marco de referencia del que se
debe partir para iniciar cualquier proceso de cambio.
b) El profesorado.
El
informe Mckensey de 2008[11]
pone de manifiesto, en sus conclusiones principales, que la calidad de un
sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes, es decir, es
necesario conseguir a las personas más aptas para ejercer la profesión, b)
desarrollarlas hasta convertirlas en instructores eficientes y c) garantizar
que el sistema sea capaz de brindar la mejor instrucción posible a todos los
niños.
Por
su parte el Informe Talis de 2009[12]
nos ofrece datos relevantes sobre algunos aspectos importantes a tomar en
consideración en relación con el desempeño profesional. Así en la gráfica
siguiente podemos ver cómo, de los 23 países que participaron en el estudio,
Brasil y en segundo lugar España carecen en la mayoría de sus centros de
programas de formación inicial y de orientación del profesorado.
Los
profesores consideran que las actividades de formación que tienen consecuencias
más positivas para su trabajo son, en este orden, aquellas relacionadas con la
investigación individual y conjunta de los propios profesores, los programas
que conducen a una nueva titulación, el diálogo informal entre compañeros sobre
las circunstancias de la enseñanza y la literatura profesional.
En
España es elevado el “intercambio de ideas”
entre profesores, pero es muy escasa la “colaboración profesional”
Por
lo general, los profesores de todos los países tienden a intercambiar y a
coordinar ideas e información con más frecuencia que a colaborar directamente.
Este desfase es más acusado en países como España, Bélgica y Brasil. Potenciar
este tipo de colaboración podría mejorar la eficacia de las enseñanzas (Gráfico
4.7).
En
el mismo sentido se manifiestan otros autores (FULLAN, M 1993; GOODLAD 1994.
160)[13]
“La formación del profesorado debe reformarse de manera radical en el sentido
de educar profesores que sean capaces de crear
y mantener culturas colaborativas, y que estén continuamente adquiriendo
el conocimiento básico y las habilidades necesarias para ser eficaces”.
M.
FULLAN[14],
recoge unas interesantes aportaciones de la investigación llevada a cabo por
ROSENHOLTZ, S. (1989-151), en las que habla de dos culturas escolares
claramente diferenciadas; la denominada “escuelas estancadas” (o pobres en
aprendizaje) y las “escuelas que progresan” (o ricas en aprendizajes).
ROSENHOLTZ,
S. (I989), nos dice igualmente que, las escuelas estancadas, se caracterizaban
por niveles bajos de rendimiento de los alumnos y por el trabajo aislado y auto
suficiente de los profesores. Y las escuelas que progresan, son aquellas
escuelas en las que los profesores trabajaban juntos con frecuencia.
En
cuanto a cómo viven la realidad cotidiana de su trabajo los profesionales de
las escuelas estancadas, el mismo autor nos dice: “La mayor parte de los
profesores y directores acaban estando tan sumamente aislados en su trabajo que
llegan a ignorarse unos a otros. No suelen alabar, apoyar y reconocer los
esfuerzos de los compañeros. La existencia de fuertes normas de autosuficiencia
puede, incluso, provocar reacciones adversas ante el buen hacer de algún
compañero.”[15]
En
las escuelas que progresan, por el contrario, la mayoría de los profesores,
incluso los más veteranos, creían que la enseñanza es intrínsecamente difícil,
sigue diciendo la autora. Creían además que los profesores no terminan nunca de
aprender a enseñar; y puesto que la mayoría reconocían que enseñar es difícil,
casi todos admitían que de vez en cuando necesitan ayuda. Por tanto, dar y
recibir ayuda no implicaba incompetencia; era parte del propósito común de
mejora continua.
Esa reforma de la formación del profesorado no
debe olvidar el papel central del profesorado en la escuela inclusiva del siglo
XXI, pues se trata de lograr que los alumnos se conviertan en aprendices
eficaces y personas felices. Es decir no se trata tanto de enseñar gran
cantidad de conocimientos, sino más bien de desarrollar las habilidades y
capacidades personales de aprender a aprender y aprender a vivir juntos.
En
relación con la formación continua del profesorado, en el caso de España, los
modelos y los sistemas que se están desarrollando en las comunidades autónomas
empiezan a diferenciarse cada vez más.
Sobre
la formación continua, SARASON, S. (1993, 62) nos dice que “a menos que tú
(profesor) asumas la responsabilidad activa de tu desarrollo profesional, a
menos que te protejas a ti mismo contra las insidiosas consecuencias de la
soledad intelectual y profesional, reducirás las satisfacciones que puedes
obtener en tu carrera”.[16]
En
cuanto al desempeño de la función docente del profesorado, y por tanto la
motivación, la implicación y formas de trabajar con los alumnos, etc.; también
son bien diferentes, en el caso de España, en las tres etapas de enseñanza no
universitaria. Aunque con la aparición de los centros de enseñanza secundaria
obligatoria (IESOS), centros pequeños en zonas rurales, que tienen un reducido
número de alumnos con edades entre 12 y 16 años, las diferencias con los
centros de primaria son menores que aquellos centros de bachillerato y
formación profesional, que pueden tener un importante número de alumnos desde
los 12 a más de 20 años, en el caso de alumnos de ciclos formativos de
formación profesional de grado superior.
El
liderazgo en las escuelas es un factor esencial, diríamos nosotros que
condición sin la cual es imposible conseguir una buena escuela. Si observamos
los resultados que estos obtienen en TALIS comprobamos que los directores
españoles en liderazgo administrativo tienen un nivel inferior a la media y en
el liderazgo pedagógico es el más bajo del estudio. Sin embargo en el caso de
Brasil en liderazgo pedagógico es el más alto y en liderazgo administrativo de
los más altos. Es decir, los directores españoles ejercen un moderado liderazgo
administrativo en comparación con sus colegas TALIS, por encima de Dinamarca,
próximo al de Bélgica, pero a importante distancia de Portugal, Irlanda o
Noruega (Gráfico 6.2).
Otro
dato realmente importante es la repercusión que tiene sobre la enseñanza el
nivel de preparación del profesorado. Así se recoge en la siguiente tabla de
Talis.
Siguiendo
con los factores que inciden con el rendimiento escolar MURILLO, F. (2007)[17],
nos aporta este interesante cuadro:
Factores que inciden en el rendimiento
escolar
Como
conclusión a estas investigaciones y reflexiones, se pone de manifiesto que los
profesores se hacen mejores profesores en las escuelas que progresan y pueden
llegar a anquilosarse o incluso a retroceder en las escuelas estancadas.
c) El alumnado. Pero ¿qué influencia tiene la escuela en estos momentos entre los jóvenes (españoles)?, según un trabajo de
Tabla 1
Dónde
se dicen las cosas más importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del
mundo. (Evolución en los últimos años. Respuestas, en porcentajes)
También
llaman la atención algunos resultados, sobre niveles de desempeño por parte de
los alumnos, sobre la creencia generalizada que los buenos resultados en los
informes internacionales siempre correlacionan, entre otras variables, con el
gasto en educación de cada sistema. “Por ejemplo, en evaluaciones
internacionales, menos del uno por ciento de los niños de África y Medio
Oriente alcanzan un desempeño igual o superior al del promedio de Singapur.
Esto no es consecuencia exclusiva del nivel de inversión. Singapur, uno de los
países con mejor desempeño del mundo, gasta menos en educación primaria que 27
de los 30 países de la OCDE”[19].
4.- ALGUNAS PRÁCTICAS
Y PRINCIPIOS PARA UNA ESCUELA INCLUSIVA EN EL SIGLO XXI.
La
nueva organización escolar debe superar las desigualdades entre diferentes
grupos sociales y culturales de cualquier naturaleza, debe tener el
conocimiento como medio de superación de desigualdades y de hacer realidad el
principio de justicia distributiva, ya que solo la escuela, y por ende la
sociedad, que sea equitativa y justa podrá avanzar y ganar el futuro. Todo ello
ha de hacerse bajo los principios de la ética, la dignidad de todos y el
respeto a los derechos humanos. Así “la profundidad del proceso de cambio
social que tiene lugar actualmente nos obliga a reformular las preguntas
básicas sobre los fines de la educación, sobre quiénes asumen la
responsabilidad de formar a las nuevas generaciones y sobre qué legado
cultural, qué valores, qué concepción del hombre y de la sociedad deseamos
transmitir” TEDESCO, J. C. 1995.
Así
pues, la nueva organización de la escuela inclusiva debe basarse en la
construcción de conocimiento y en valores, como medio de lograr ciudadanos
pacíficos, justos, solidarios, críticos, libres y democráticos. Pero esta
organización no solo se refiere a los aspectos formales, o lo que es lo mismo,
la organización estructural por todos conocida y explícitamente expresada en
los documentos de los centros, sino también, y muy especialmente, se refiera al
modo y manera en la que se gestionan las relaciones humanas, las emociones, las
situaciones personales, dentro y fuera de las aulas, y entre todos los miembros
de la comunidad educativa.
«La
educación es de forma inherente e inevitable una cuestión de metas y valores
humanos», así se expresa GADNER, H. (pág, 30) y continúa: “Me gustaría que esta
afirmación estuviera en un lugar bien visible, en el despacho de todo político.
Uno no puede empezar siquiera a desarrollar un sistema educativo si no tiene
presentes los conocimientos, las capacidades y las aptitudes que valora y el tipo
de individuos que espera que surjan al final. Sin embargo, creo que la
educación formal, tal como hoy la conocemos, aún sigue preparando a los
estudiantes para el mundo del pasado y no para los mundos posibles del futuro”.
Si
miramos hacia delante y de aceptamos la propuesta de los cinco modelos de
pensamiento del futuro de Gadner, H debemos tener presente lo siguiente:
•
Los individuos que no dominen una o varias disciplinas no lograrán triunfar en
un puesto de trabajo exigente y serán relegados a tareas menores.
•
Los individuos sin capacidad de síntesis se verán superados por la información
y serán incapaces de tomar decisiones sensatas sobre sus asuntos personales y
profesionales.
•
Los individuos sin capacidades creativas serán sustituidos por ordenadores que
acabarán por apartar y alejar a aquellos otros que sí tienen la chispa
creativa.
•
Los individuos que no muestran respeto no serán merecedores del respeto de los
demás y acabarán contaminando el lugar de trabajo y el espacio político.
•
Los individuos sin ética crearán un mundo desprovisto de trabajadores decentes
y ciudadanos responsables: ninguno de nosotros querrá vivir en ese planeta
yermo.
Por
tanto, las prácticas inclusivas, queremos traer aquí son dos ejemplos que
consideramos de los más relevantes que conocemos. Uno es las escuelas “Fe y
Alegría”[20], que con la lucha de
todos sus miembros y organizaciones en los diferentes países latinoamericanos,
están demostrando que, incluso en los lugares más desfavorecidos y pobres, es posible hacer germinar el grano de la
justicia, la solidaridad y la alegría en el rostro y en el alma de los más desfavorecidos,
basando sus acciones en generosidad de compartir la vida y el conocimiento. En
el segundo caso nos referimos a las comunidades de aprendizaje, movimiento de
profundo calado pedagógico, propuesta de transformación de la comunidad
escolar, inspirado en buena medida en autores tan ilustres como Habermas,
Freire, P. y Vygosky, entre otros. Sus trabajos en España están coordinados
desde el CREA, (Centro Especial de Investigación en Teorías y Prácticas
Superadoras de Desigualdades, Universidad de Barcelona). Y desde Brasil[21]
NIASE, desde el año 2002.
Según
FLECHA, R.[22] “La orientación (de estas
escuelas)[23] es la transformación del
contexto (y no la adaptación) tal como proponía Vygotsky (1979) y como proponen
las teorías sociales (Beck 1998; Giddens 1991; Habermas 1987, 1998) y
educativas (Freire 1997) más referenciadas actualmente en el mundo. En ambas se
basa el aprendizaje dialógico (que engloba y supera el significativo). Por este
motivo, ya el primer paso, el sueño del nuevo tipo de escuela, es producto del
diálogo y del consenso entre el mayor número de sectores implicados:
profesionales del sistema escolar, otros profesionales (educadoras y educadores
sociales, educadores de tiempo libre), asociaciones, familias, empresas,
alumnado y ayuntamientos”.
Como
colofón, a todo lo expuesto anteriormente, nos atrevemos a esbozar unos
principios educativos para la escuela inclusiva del siglo XXI, que tienen la pretensión
de hacer reflexionar sobre la necesidad de adecuar nuestras escuelas a las evidencias
científicas y a las necesidades educativas de la sociedad actual, además de ofrecer
una alternativa más, como punto de partida, sobre la organización y el funcionamiento
de los centros.
1.- Principio del
aprendizaje para todos. (La escuela como comunidad de aprendizaje)
La
escuela inclusiva debe tomar en consideración y conocer las lecciones que nos
ha proporcionado tanto la ciencia como la práctica de la organización escolar.
Pues si es importante conocer lo que nos ha aportado la investigación
científica, no menos importantes son los aprendizajes que cada escuela ha
logrado fruto de su propia historia y experiencia, como elementos esenciales
para lograr que la institución se convierta en una organización en la que todos
aprenden.
Es
decir se trata de lograr organizaciones inteligentes y de aprendizaje para
todos y no sólo para los alumnos.
2º Principio de
convivencia democrática e inclusión social. (Escuela como modelo de inclusión
social)
La
escuela como organización y todos los miembros de la comunidad educativa,
profesores, instituciones, organizaciones, padres y alumnos, deben ser siempre conscientes de la
responsabilidad que tienen para lograr la cohesión social, ya que el clima del
centro y del aula es el caldo de cultivo imprescindible para lograr buenas
escuelas para todos. Esta es una condición necesaria pero no suficiente, pues
además, se necesita dedicar atención a otras tareas muy importantes como el
proceso enseñanza aprendizaje, pero que sólo tendrán éxito y sentido si existe
el clima de convivencia adecuado.
En
consecuencia, las bases sobre la que deben construirse las relaciones dentro de
la institución escolar deben ser la interculturalidad, cada vez más presente en
nuestras sociedad, y el respeto a los derechos humanos de todos y cada uno de
sus miembros, en una relación de igualdad donde las normas se basen en la ética
de las organizaciones[24]
como forma de permitir, a cada miembro, un desarrollo integral en armonía
consigo mismo y con el contexto.
3º Principio de
trabajo cooperativo e implicación. (Escuela donde todos colaboran y se
implican)
El
trabajo en equipo y la colaboración son la base de una organización eficaz, que
permitirá a todos sus miembros sentirse parte de la institución, estar
comprometidos con los objetivos comunes, controlar las incertidumbres y
encontrar el apoyo necesario siempre que se necesite para compartir
inquietudes, fracasos y éxitos. Lo cual nos permitirá tener siempre el respaldo
suficiente para no dudar de los propósitos compartidos y que finalmente nos
proporcionarán satisfacción, logros profesionales y personales como miembros de
la institución.
En
la organización escolar todos son importantes y pueden aportar algo, por tanto
la participación debe ser el punto de encuentro para compartir y reconocer el
valor del saber y de hacer realidad el conocimiento compartido.
4º Principio de
proactividad. (Escuela anticipadora y basada en proyectos)
La
organización escolar debe basar su funcionamiento en los proyectos
institucionales democráticamente establecidos, que deben ser realistas,
conocidos, compartidos y contar con el compromiso de todos para su logro. Por
tanto, entendemos la organización proactiva como aquella que actúa y basa su
funcionamiento en planes y proyectos adaptativos en función de los objetivos de
la institución, de las necesidades y demandas de los miembros de la comunidad
en cada momento que tratan de prevenir y actuar del modo más adecuado ante futuro.
La
planificación debe marcar la pauta de actuación, más allá de situaciones
concretas que puedan surgir, ya que lo importante no debe ser improvisado,
según las circunstancias de cada momento o por la iniciativa personal, sino que
debemos saber siempre a dónde nos dirigimos para actuar con principios y
criterios que nos ayuden a caminar en la dirección correcta.
5º Principio de
mejora permanente. (Escuela inconformista con sus resultados)
La
escuela debe tener siempre conocimiento del nivel de desarrollo de sus planes y
proyectos, y si todos sus miembros están logrando sus objetivos, tanto a nivel
individual como colectivo; en definitiva debemos hacer seguimiento y revisiones
periódicas de los propósitos para ir tomando las medidas que sean precisas en
cada momento.
Para
ello la evaluación, entendida como proceso de regulación constante de las
acciones planificadas, debe proporcionarnos información relevante para la toma
de decisiones en un proceso cíclico, tanto para la aplicación como para el
desarrollo de planes de mejora. De un modo muy especial debe tomarse como eje
de la mejora el aprendizaje del alumnado, el cual será
el indicador final del éxito educativo
de la institución.
6º Principio de
autonomía y liderazgo distributivo (Escuela de roles compartidos)
La
organización escolar inclusiva del futuro debe basarse en relaciones de igualdad
entre sus miembros y la distribución del liderazgo en los diferentes proyectos
y responsabilidades que se ejercen en un centro. De tal modo que ya no puede
entenderse que todo deba ser gestionado por los órganos de dirección, sino que
debemos pasar del modelo de gestión del centro a un modelo de liderazgo
distribuido y para el aprendizaje. Es decir: pasar del simple reparto de tareas
a un funcionamiento basado en la interacción constante y en el desarrollo de
comunidades de aprendizaje profesional.
Y todo ello alcanzará más importancia en la medida en la que la escuela
alcance un mayor grado de autonomía.
7º Principio de
adaptación al cambio permanente. (Escuela en permanente transformación)
Los
profesionales de la educación deben hacerse expertos en el proceso de cambio ya
que la escuela debe ser el centro del cambio y la mejora (FULLAN, M. 1994) y
los profesores deben ser sus agentes.
La
sociedad actual y del futuro tiene, y tendrá, como característica fundamental
estar sometida a grandes y constantes cambios, por tanto la escuela como
organización vivirá sometida a la incertidumbre del cambio y la innovación
constante, para mantener sus objetivos y actuaciones de acuerdo a las
necesidades que surjan en cada momento.
8º Principio de
calidad, excelencia y altas expectativas para todos. (Escuela que espera y
consigue lo mejor de todos)
La
organización escolar inclusiva, en una sociedad democrática, tiene que buscar
la excelencia no solo en los resultados de todo su alumnado y su desarrollo
integral, sino también en todos los proyectos y procesos que se desarrollen en
torno a ella.
La
calidad, la equidad y la inclusión deben ser la exigencia mínima, además de
marcar el rumbo de nuestras actuaciones, como medios para alcanzar la
excelencia en la educación de todos, sin que pueda darse ninguna discriminación
por razones de raza, creencias, cultura, etc.
9º Principio de
conexión y apertura. (Escuela transformadora de la sociedad)
La
escuela inclusiva ha de ser una organización viva, abierta a la sociedad y a su
contexto, en el doble sentido de tratar de influir en él, tanto como de recibir
la participación y el influjo de las organizaciones e instituciones de su
entorno, para lograr la transformación mutua sociedad-escuela. Los aprendizajes
formales, no formales e informales deben ser integrados para lograr la conexión
de los aprendizajes escolares con los necesarios para la vida.
La
escuela inclusiva del futuro no se pueden concebir como entes aislados, con
vida independiente, cajas negras, sino que deben estar en comunicación con
otras instituciones para compartir experiencias, aprender en cooperación,
desarrollando proyectos comunes, etc. Todo ello aprovechando, además, las
posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación y la
información como una nueva herramienta y concepción del aprendizaje. Pues el
conocimiento del futuro lo tendremos que construir a partir de informaciones en
permanente interacción, evolución y cambio, y sólo la interconexión y la
actualización permanentes nos permitirán avanzar y estar al día de lo que
necesitamos saber.
10º Principio de
participación e implicación de la comunidad educativa.
Para
garantizar el principio de conexión y apertura, la escuela debe crear espacios
para la participación en pie de igualdad de todos los miembros de la comunidad
educativa, y de todas aquellas
instituciones, públicas o privadas, asociaciones y demás agentes sociales que
puedan aportar sus experiencias y conocimientos a la construcción de una
verdadera comunidad de aprendizaje.
Los
espacios y procedimientos de participación en la vida de los centros
educativos, deben superar el mero formalismo de los órganos y estructuras de
participación para encontrar formas más sencillas, más dinámicas, más adecuadas
a las necesidades y posibilidades de una escuela que se abre sin complejos a la
presencia y la participación de diferentes agentes y colaboradores.
5.- A MODO DE CONCLUSIÓN.
Todo
lo expuesto, nos ha de llevar a la conclusión de que la mejor organización
escolar para el nuevo milenio es aquella que logre el mayor éxito posible,
personal y social, de todos y cada uno de los miembros de su comunidad
educativa, pero de un modo muy especial el de todo su alumnado. Será pues
aquella escuela que eduque ciudadanos pacíficos, críticos, creativos,
solidarios y respetuosos con los derechos de la humanidad y con la diversidad
de una sociedad cada vez más global e intercultural, para con ello lograr un
mundo más sostenible basado en el principio de la justicia distributiva y en el
que todos puedan alcanzar la felicidad en su existir.
Para
finalizar, podríamos aceptar las siguientes conclusiones:
1.
Los
cambios sociales cada vez son menos perceptibles para nuestros sentidos y no debemos esperar a ver sus resultados para
actuar. Con el fin de superar esa situación debemos usar herramientas que nos ayuden
conocer nuestra realidad para actuar proactivamente.
2.
La
escuela del siglo XXI sólo puede ser inclusiva; para ello debe organizarse de
modo abierto, flexible y en continua interacción con el medio, buscando transformarse mutuamente, logrando la
efectividad y la equidad educativa para todos.
3.
El
éxito y la excelencia de la organización escolar inclusiva, para el siglo XXI,
solo serán alcanzados por aquellas instituciones que mejor sepan adaptarse a su
contexto y dar respuesta a las necesidades educativas del futuro.
Pero
no debemos olvidar que “la distancia entre la teoría y la práctica, entre el
deber ser y el ser, entre la prédica y la acción es, tal vez, el problema
básico de la ética, (de la educación
podríamos decir nosotros). ¿De qué sirven los discursos, las
argumentaciones, las fundamentaciones, las teorías, si seguimos actuando mal?
Hablamos de virtud cuando lo que debería preocuparnos es ser virtuosos, se
reprochaba a sí mismo Aristóteles en Ética para Nicómaco”[25].
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ALEGRÍA 2010 – 2014. http://www.feyalegria.org
[1] Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo que inició su andadura en 1990 y en aquél primer informe se logró plantear sin problemas la tesis central del Informe, declarada brevemente
ya en la primera frase: “La verdadera riqueza de una nación está en su gente”. Se pueden
consultar los informes en: http://www.undp.org/spanish/.
[2] Citado
por Pozo, J. I. En aprendices y maestros, p. 16. Alianza Editorial. 2008.
Madrid.
[3]
Las cinco mentes del
futuro. Capítulo 1, Las
mentes consideradas desde un punto de vista global. Pág.35
[4]
De las competencias
básicas al currículum integrado, pdf Internet, sin fechar. Rafael Feito Alonso.
[5] Comunicación de la Comisión “Europa 2020”
una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador.
[6] Entendida aquí como
plantea E. Morin, como una paradigma que va más allá de la clasificación,
separación del conocimiento, y entiende la realidad como orden/desorden que se
conforma por las interacciones de sus elementos y no por la suma de ellos. Lo
complicado es separable en partes que pueden tener sentido por sí mismo. Lo
complejo sólo se puede entender de forma global integrado en interacción con
los demás elementos del sistema del que forman parte.
[7] Ver más información: http://www.undp.org/spanish/
[8] Citado por Gadner, H.
“En las cinco mentes del futuro”, pág. 14, previamente citado. [9] En España existen 17 comunidades autónomas con sus respetivos parlamentos y gobiernos regionales, que desarrollan sus propias leyes y normas educativas, dentro del marco legal de carácter básico para todo el estado.
[10] Santos Guerra:
“Arqueología de los sentimientos en la organización escolar”. Tendencias
Pedagógicas 9, 2004-45.
[11] “Cómo hicieron los sistemas educativos con
mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos”. Julio de 2008- Michael
Barber, Mona Mourshed. Preal.
[12] El
Estudio Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje (TALIS, siglas del inglés
Teaching and Learning International Survey) de la OCDE ofrece la primera
comparación internacional sobre las condiciones de enseñanza y aprendizaje,
aportando ideas innovadoras acerca de algunos de los factores que pueden
explicar las diferencias en los resultados de aprendizaje reveladas por el Programa
para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) de la OCDE.
[13] Revista de Educación,
nº 304. 1994. “La escuela como centro del cambio”. Ministerio de Educación y
Ciencia. España. [14] Revista de Educación nº304-150. Fullan, M. La gestión basada en el centro: el Olvido de lo fundamental.1994. MEC. España.
[15] Estudio de la escuela primaria de Tenesse, 1989. Revista de Educación nº304-150. 1994. MEC. España.
[16] Revista de Educación,
304, 1994, pág. 158.
[17] Ponencia impartida en
Cáceres en 2007.
[18] . II Conversas Pedagóxicas. Universidad de Vigo
– Campus de Ourense. 6 de Mayo de 2003.
Fuente:
Jóvenes españoles 99. Fundación Santa María, Ediciones SM.
[19] Informe Mckensey, julio 2008-6. Preal.
[20] Para más información: http://www.feyalegria.org/
[21] Los principios teóricos
y metodológicos del trabajo de NIASE son: dialógica de Paulo Freire, La Teoría
de la Acción Comunicativa, Habermas, y el aprendizaje dialógico elaborado por
el Centro de Investigación en Teorías y Prácticas para la Superación de las
Desigualdades (CREA). Y para más información: http://www.ufscar.br/niase/
[22] Ramón Flecha, es el
coordinador del CREA y tiene numerosas publicaciones al respecto, esta cita está
tomada del artículo: “El aprendizaje dialógico en la sociedad de la
información” Encuentro estatal de MRPs de Gandía (1999). Actualmente es el
coordinador del Included Project: http://www.ub.edu/includ-ed/about.htm. [23] Este entrecomillado es nuestro. [24] Adela Cortina, professora de la Universidad de Valencia, viene realizando desde años interesantísimos trabajos en el desarrollo de la ética de las organizaciones.
[25] La escuela ante el reto
del saber práctico. Camps, V. Revista Infancia y Aprendizaje. 1998, 82, 65-72. |
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