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domingo, 21 de diciembre de 2014
POSIBILIDADES Y LIMITACIONES DEL CUADERNO ESCOLAR COMO MATERIAL CURRICULAR. UN ESTUDIO DE CASO Imprimir E-Mail
escrito por Ana Mª Badanelli Rubio Y Kira Mahamud Angulo   
Ana Mª Badanelli Rubio Y Kira Mahamud Angulo 
Profesoras de la Universidad de Educación Nacional a Distancia,
Departamento de Historia de la Educación y Educación comparada. MADRID 

 

RESUMEN

Los cuadernos escolares emergen como fuentes documentales ricas, diversas, válidas y necesarias para ampliar y completar los estudios inscritos en tres campos de investigación que entrecruzan sus caminos, como son la historia de la infancia, la historia de la educación (y sus campos anexos o subcampos, tales como la historia de la escuela, la historia del macroestudio, las prácticas docentes y la cultura escolar), y la cultura escrita. A pesar de tratarse de una fuente documental compleja desde varios y distintos puntos de vista, intrínsecos y extrínsecos, la información que proporciona es inigualable debido a su creación de la mano de  alumnos (y maestros, en su caso), literal y exclusivamente, y por tanto, a su cualidad de producto interno nacido en la escuela.

ABSTRACT

POSSIBILITIES AND LIMITATIONS OF SCHOOL NOTEBOOKS AS CURRICULAR MATERIAL. A STUDY ON THE SUBJECT.

By Ana María Badanelli Rubio & Kira Mahamud Angulo

School notebooks emerge as rich, varied, valid and necessary  documentary sources of information to widen and complete studies materialized in three concomitant fields of investigation, which are: History of Childhood, History of Education ( and some of its subdued subjects, such as History of School, History of Overall Study, Educational Practice and Educational Culture) and Culture in Written Form.

Despite being a documentary proof which is complex from every point of view, the knowledge that school notebooks provide is unique, due to the students' authorship (and teachers' in certain cases), literal information and, consequently, their condition of genuine school-born product.

 

I. INTRODUCCIÓN

Comenzamos este artículo lanzando una pregunta al lector: ¿Es el cuaderno escolar un material curricular? Y la respuesta nos conduce a una segunda inevitable pregunta: ¿Qué se entiende por material curricular? Antes de aventurarnos a responder conviene aclarar que cuando hablamos de cuaderno escolar nos referimos al tradicional cuaderno en blanco, ya sea lineado, cuadriculado o simplemente con páginas en blanco, con o sin márgenes. No hablamos de un cuaderno de y con actividades para completar. De ahí que nos surja la duda inicial de si un material o soporte vacío de contenidos en sentido literal, se pueda considerar un material curricular. Esto se debe a una concepción tradicional de material o medio didáctico y curricular como vehículo de transmisión de información (libros de texto).

Claro que también existe otra concepción de material curricular como simple soporte físico (pizarra, papel). Mª del Mar del Pozo y Sara Ramos[1] relatan con claridad la evolución del uso y la función del cuaderno escolar desde que se da el salto de la pizarra individual al papel como soporte para la plasmación del trabajo escolar centrado fundamentalmente en sus orígenes en la práctica de la escritura y la caligrafía, hasta la creación de los distintos tipos de cuadernos: únicos, de clase o de rotación, de deberes, diarios, etc. Aunque en el caso de España, el comienzo del uso del cuaderno escolar sea más tardío[2], se confirma el hecho de que el cuaderno escolar, de un modo u otro, siempre ha estado presente en el aula, como herramienta, instrumento o medio al servicio del aprendizaje.

La escasez de literatura en torno al concepto de material curricular desde una perspectiva teórica constituye otro obstáculo para poder ubicar los cuadernos escolares dentro del conjunto de materiales curriculares. Nuestra visión apunta hacia el material curricular como cualquier medio, instrumento o soporte que facilite y potencie el proceso de enseñanza-aprendizaje en sus múltiples dimensiones y objetivos. Dicho lo cual, el cuaderno escolar entraría a formar parte de la definición desde el momento en que constituye (1) un instrumento de expresión del alumno, reflejando errores y habilidades; (2) un soporte y espacio de práctica de la escritura y el dibujo, y (3) un producto escolar y cultural elaborado por el propio niño o niña en torno a los contenidos curriculares establecidos, es decir, a lo que Apple denomina "conocimientos socialmente legitimados"[3].

Otra cuestión distinta pero íntimamente relacionada con lo anterior es el uso del material curricular, en nuestro caso, del cuaderno escolar. El potencial pedagógico del cuaderno escolar está en su uso y conviene hacer un recordatorio del análisis crítico que Bourdieu y Passeron hicieron de los instrumentos pedagógicos como instrumentos de control, homogeneizados y homogeneizantes. A su juicio, el sistema educativo pone a disposición de los agentes educadores (docentes) una serie de instrumentos: manuales, comentarios, recursos mnemotécnicos, libros del maestro, programas, instrucciones pedagógicas, etc., con el fin de garantizar una efectiva inculcación de la arbitrariedad cultural que se pretende reproducir[4]. El cuaderno escolar, como cualquier material curricular, termina siendo lo que el maestro y el alumno hacen de él. El cuaderno escolar, por ejemplo, puede ser desde un cuaderno individual multidisciplinar o destinado exclusivamente a ejercicios de una asignatura específica, hasta un cuaderno de clase o de rotación. En definitiva, según su destino, puede encontrarse en un continuum que abarcaría desde la total libertad de expresión escrita e icónica del alumno (inspirada en experiencias, lecturas y diálogos, y plasmada en libres redacciones ilustradas y narraciones inventadas, fruto de la imaginación infantil y juvenil) hasta el más férreo control de sus contenidos (incluyendo caligrafía, dictado, copia de conocimientos oficiales previamente seleccionados por el maestro).

Sobre el cuaderno escolar se practica la expresión escrita e icónica del alumno, desde la caligrafía, los distintos tipos de actividades de transmisión de la cultura escrita: la copia, el dictado y la redacción individual y colectiva, hasta el dibujo. Y esta es la segunda fase de constitución de la naturaleza y fin del cuaderno como material curricular. Una vez designado su uso individual o colectivo y establecido el tipo de contenido (asignatura, materia o área de estudio), se designan las diferentes prácticas de la escritura: la copia, el dictado y la redacción. Junto a éstas, entraría el análisis de la caligrafía y del uso del espacio gráfico del cuaderno, donde, en palabras de Anne Marie Chartier, "se manifiesta la cultura escrita primaria a través de su organización en la página"[5]. En este punto nos encontramos ante la misma mirada de sospecha de Bourdieu y Passeron, al calificar la práctica de la escritura de dispositivo destinado a generar representaciones compartidas del mundo, bajo el control del maestro. Por todo ello, merece la pena reflexionar sobre las posibilidades y limitaciones del cuaderno escolar como material curricular.

A través de este artículo pretendemos lograr tres objetivos convergentes:

1º. Mostrar y describir cuadernos escolares del pasado, pertenecientes a una extensa donación depositada en el Centro de Investigación MANES[6];

2º. Explicar el valor del cuaderno escolar como fuente documental para estudiosos de diversas disciplinas incluidas en el campo de la Educación y otras cercanas, en especial los resultados de nuestro estudio de caso, y

3º. Reflexionar sobre las posibilidades y limitaciones, sobre el presente y el futuro del cuaderno escolar como material curricular en función de lo aprendido sobre su función, su valor y su uso en el pasado.

II. PRESENTACIÓN DE LOS MATERIALES

En octubre del 2004, la profesora Pilar Ruiz-Va Palacios de la Facultad de Filología de la UNED, depositó una generosa donación en el Departamento de Historia de la Educación y Educación Comparada de la UNED, en la sede del Centro de Investigación MANES.

Se trata de un conjunto de manuales escolares, cuadernos escolares, expedientes y hojas de servicios, escritos oficiales, programaciones de clases, recortes y ejemplares de prensa. La riqueza de los documentos y materiales es inmensurable, sobre todo para el historiador de la educación, pero no exclusivamente. Como material curricular excepcional encontramos entre la donación numerosos cuadernos, bien distintos entre sí. Estos cuadernos son de dos tipos, por un lado encontramos "cuadernos de rotación"[7], y por otro cuadernos individuales de clase.

De entre estos numerosos cuadernos escolares que cubren el periodo histórico desde principios del siglo XX hasta los años 60, contamos con un grupo de siete cuadernos del mismo tipo y época. Se trata de siete cuadernos de tapa dura, de dimensiones 32 x 23 cm. La fisonomía, los sellos, etiquetas y precio escrito a lápiz indican que fueron comprados en una librería, algunos de ellos en la Librería y Papelería Casa Zamora, de la Plaza Mayor, 11 de Madrid[8]. Estos cuadernos tienen en común tres elementos fundamentales:

  1. En primer lugar los cuadernos "pertenecen" a la misma maestra, Pilar Ruiz Va, y a dos centros escolares en los que esta maestra desarrolló su profesión: en el Grupo Escolar José Echegaray[9] durante los años 40 y en el Grupo Escolar Patriarca Obispo Eijo Garay[10] durante los años 50;
  2. En segundo lugar, todos ellos han sido realizados por alumnas en colegios de niñas;
  3. Por último, pertenecen todos a la época del franquismo.

Tres de ellos muestran cursos académicos de los años 40 y de los años 50. Cada cuaderno de los años cuarenta abarca un curso escolar completo, sin embargo los cuadernos de los años cincuenta cubren sólo un variado número de meses.

 

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A continuación señalamos la época que abarca cada uno de los cuadernos, así como al centro al que pertenecen:

  1. 1943-1944, del 4 de octubre hasta el 28 de junio. J. E.
  2. 1946-1947, del 27 de septiembre hasta el 29 de mayo de 1947. J. E.
  3. 1948-1949,  del 30 de septiembre al 13 de junio de 1949. J. E.
  4. 1949-1950, del 19 de septiembre de 1949 al 20 de junio de 1950. J. E.
  5. 1953, del 28 de enero hasta el 9 de noviembre. O. P. E.
  6. 1954-1955, del 7 de octubre de 1954 hasta 16 de marzo de 1955. O. P. E.
  7. 1958- 1959, del 13 de octubre de 1958 hasta el 13 de abril de 1959 y de 2 de octubre de 1959 hasta el 4 de noviembre de 1959. O. P. E.

Uso del espacio gráfico

En su interior los cuadernos presentan las hojas lineadas y con margen que indican el espacio destinado a ser utilizado y el espacio que ha de respetarse.

 

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Los contenidos que aparecen en el cuaderno lo hacen siempre bajo la misma estructura y responde siempre al mismo esquema: La maestra comienza con la fecha; después en caso de que sean utilizadas aparece la consigna que se va a trabajar ese día ya sea religiosa o política; a continuación se muestran las materias junto a las actividades que se van a realizar en cada una de ellas; al final de esta "programación" y no de forma sistemática, la maestra cita los manuales escolares, los  autores  y  otro  tipo de  material  didáctico  en el  que va  a  apoyar  la lección.  Esta programación va acompañada en todos los casos del sello de la institución y del visto bueno de la maestra quien a diario inspeccionaba el material. A continuación aparecen los "ejercicios de aplicación" o actividades, realizadas por las alumnas quienes firman al final de su trabajo. Cada día toca el turno a una alumna diferente y en ocasiones, participan varias alumnas en un mismo día. Es frecuente también, aunque no sistemático, la anotación de observaciones generales -no necesariamente pedagógicas- por parte de la maestra al final del día, a continuación del trabajo de las alumnas.

 

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Una característica fundamental es que estas actividades que realizan las alumnas, no son solamente escritas sino que las páginas están llenas de ilustraciones y dibujos. Pero, más que la cantidad de ilustraciones, algo que es común encontrar en este tipo de fuentes, llama la atención la calidad excepcional de las mismas. Sorprende el aspecto estético; no sólo por los dibujos que aparecen, sino también por el orden, la limpieza, el cuidado de la caligrafía, de los márgenes, etc. Todo ello conforma al cuaderno como un documento estéticamente valioso, que reclama e invita a realizar un estudio desde el punto de vista de tan singular estética.

 

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III. LOS CUADERNOS ESCOLARES COMO FUENTES DOCUMENTALES PARA LA EDUCACIÓN

Los cuadernos escolares emergen como fuentes documentales ricas, diversas, válidas y necesarias para ampliar y completar los estudios inscritos en tres campos de investigación que entrecruzan sus caminos, como son la historia de la infancia, la historia de la educación (y sus campos anexos o subcampos, tales como la historia de la escuela, la historia del macroestudio, las prácticas docentes y la cultura escolar), y la cultura escrita. A pesar de tratarse de una fuente documental compleja desde varios y distintos puntos de vista, intrínsecos y extrínsecos,[11] la información que proporciona es inigualable debido a su creación de la mano de  alumnos (y maestros, en su caso), literal y exclusivamente, y por tanto, a su cualidad de producto interno nacido en la escuela.

En otras palabras, hablamos de un material curricular constituido inicialmente como soporte físico vacío de contenidos, pero cuyo uso lo va conformando en un material rico en conocimientos trabajados por los alumnos y alumnas, delatando así el qué y el cómo se enseña. A través de la práctica cotidiana de la escritura y el dibujo en el aula, los cuadernos se convierten en testigos directos del proceso de enseñanza-aprendizaje (procedimientos, materiales y ejercicios) y del grado y forma de involucrarse de los actores principales (maestra y alumnas) y secundarios (directores, inspectores y otros docentes puntuales) en el mismo proceso. Es decir, son una de las fuentes documentales más cercanas a la etnografía de la escuela con que los investigadores puedan contar.

Nuestra investigación, como bien señala el profesor Antonio Viñao, constituye un macroestudio de caso[12] de unos pocos cuadernos que consideramos relevantes e ilustrativos de la educación de las niñas en España bajo la dictadura franquista tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Implica al cuaderno como doble testimonio de la práctica docente de la maestra, a través de sus escritos y del trabajo escolar real. De la maestra descubrimos su vocación docente, su vinculación emocional con los distintos grupos de niñas, sus conocimientos y formación y su adhesión a la ideología del régimen franquista; de las alumnas salen a la luz sus habilidades, su aplicación y su motivación.

El cuaderno escolar surge como dispositivo de control e inspección (por parte de la Dirección del centro y de la Inspección educativa), pero también de aculturación de lo escrito y de adoctrinamiento ideológico a través del conocimiento y del sentimiento. Comprobamos dos hechos divergentes. De una parte coincidimos con el análisis de Bourdieu y Passeron. Los cuadernos de rotación actúan como dispositivos  de control que garantizan las condiciones institucionales de homogeneidad y de transmisión ideológica. La inexistencia de espontaneidad y libertad de expresión en la práctica de la escritura y la ausencia de contacto con la literatura infantil de cualquier género[13] (comics, revistas, cuentos populares) y la predominancia de escrituras impuestas, estandarizadas, "disciplinadas y dirigidas por los docentes"[14], corroboran esta teoría. De otra parte, sin embargo, se observan las pequeñas licencias de la maestra en cuanto a la enseñanza de la literatura recurriendo a plumas teóricamente censuradas o rechazadas por el régimen y a la omisión de contenidos propios del sexo femenino (Hogar y Formación política). Deducimos que la maestra concibe el cuaderno de rotación como un recurso y un material educativo-curricular al servicio del nacional-catolicismo, pero sin descuidar una formación escolar rica en conocimientos literarios y sin enfocar en las enseñanzas del sexo femenino en exclusividad.

Descubrimos también que nuestra maestra parece percibir los cuadernos escolares "como vehículo de comunicación de conocimientos, ideas y sentimientos"[15], precisamente el "criterio más valorado a la hora de definir estos cuadernos como materiales educativos"[16], en palabras de las profesoras Mª del Mar del Pozo y Sara Ramos.

En cuanto a la producción de las alumnas, encontramos trabajos de gran calidad artística, pulcritud, esmero y dedicación. La ausencia de libertad de expresión se equilibra con la premura de los trabajos, mostrando así la capacidad de las alumnas. Los siguientes ejemplos son la mejor muestra de ello:

 

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IV. POSIBILIDADES Y LIMITACIONES, PRESENTE Y FUTURO DEL CUADERNO ESCOLAR

Merece la pena realizar unas breves reflexiones acerca de las posibilidades que estas fuentes nos brindan y de las limitaciones que presentan, como materiales curriculares, no sólo desde el punto de vista didáctico, sino también desde el punto de la investigación histórica.

En primer lugar, si consideramos un material curricular cualquier instrumento que pueda servir como recurso para el aprendizaje o el desarrollo de alguna función de la enseñanza[17], el cuaderno escolar es indiscutiblemente un material curricular.

El esfuerzo que se realiza para apropiarse de la cultura, del contenido propuesto exige una mediación, una representación de la realidad que debe ser portado por un medio, en este caso el cuaderno. El cuaderno es un recurso necesario para la función culturalizadora de la enseñanza. Es por este uso que se hace de él por lo que lo consideramos un material curricular

Tradicionalmente se ha considerado al manual o libro de texto el material curricular por excelencia, sin embargo, los cuadernos son un cúmulo de prácticas escritas de enseñanza y aprendizaje en marcha, no concluidas, en proceso. Este es el salto cualitativo del manual al cuaderno en la intencionalidad educativa: la mayor implicación del alumno. Claro que lo escrito por las alumnas no significa que se lo crean, que lo hayan asimilado, que lo comprendan, que lo sientan; sólo que lo han trabajado. La maestra desea que sirvan de prueba de lo aprendido, pero a nuestro modo de ver, son sólo evidencia de lo enseñado y trabajado.

Las prácticas generadas en torno a los materiales, las formas de usarlos, los mecanismos de consumo y su renovación dan una imagen de la escuela, de sus estilos de enseñanza, de sus valores, del formato cultural que posee. De ahí que el aspecto metodológico (cómo enseñar) va muy unido a la comunicación cultural, a los modos que tiene cada centro educativo y cada profesor de desarrollar la enseñanza[18]. De aquí nace la valía de estos materiales para dar un paso más en las investigaciones y a través de ellos acercarnos a lo que acontece en el aula, y aproximarnos al quehacer diario de la maestra y de las alumnas, conociendo no sólo qué prácticas de escritura realizaban, sino también cómo las realizaban y en torno a qué tipo de contenidos.

No podemos olvidar las limitaciones que estos materiales curriculares presentan. Una de ellas el poco "espacio" que queda para la creatividad de las alumnas, nada de lo que queda plasmado en ellos es casual ni se debe al desarrollo de la imaginación de las niñas, sino al contrario, todo está controlado por la maestra quien dicta, lo que se va a hacer, cómo se va hacer, en torno a qué contenidos y quién lo va a realizar. La intención del cuaderno no parece ser la de formar mentes críticas sino más bien reforzar contenidos que debían ser aprendidos de memoria. Los cuadernos son por tanto dispositivos para reproducir representaciones compartidas dominantes e ideologías, bajo la supervisión del maestro, y no un espacio para la expresión espontánea del alumno. La cultura escolar[19] dominante y establecida por la autoridad queda reflejada en la selección de contenidos, en los ejercicios para trabajarlos y en la rutina escolar.

En nuestro caso, la maestra transmite los contenidos dictados por el régimen y se asegura de que todas las actividades conducen a la asimilación de los mismos, así como a vivir y sentir la experiencia nacional-católica en el aula. Los maestros son, parafraseando a Puelles[20], no sólo educadores, sino cooperadores en la lucha ideológica.

Aún así, el cuaderno no nos indica todo lo que ocurría en el aula, en el cuaderno no tienen cabida muchas otras actividades y contenidos. Tan sólo nos indica un conjunto de prácticas que diferentes participantes en el proceso de enseñanza y aprendizaje llevaron a cabo y de qué modo lo hicieron. Tampoco nos aporta información acerca de lo que las alumnas aprendieron ni de qué contenidos y prácticas interiorizaron.

Los cuadernos escolares examinados no eran sólo un medio donde plasmar y adquirir conocimientos y contenidos, sino que perseguían otros objetivos para los distintos participantes en la instrucción escolar: la maestra, las alumnas, la dirección del colegio, el inspector, etc. Entre ellos destaca el hecho de ser utilizados como elemento para la inspección. En el caso de los cuadernos presentados, la labor de inspección por parte de la directora del centro está fuera de toda duda. Son numerosas las referencias a la revisión de los cuadernos y por tanto, es evidente su uso como "mecanismo de vigilancia del cumplimiento"[21] del deber como maestro.

¿Y las posibilidades que brinda? ¿Y el futuro del cuaderno como material curricular? Anne-Marie Chartier nos informa sobre los posibles efectos del cuaderno escolar sobre la educación: (1) Pragmáticos: El tiempo, el esfuerzo y la dedicación que exige el trabajo de escribir, subrayar, dibujar, organizar, corregir, etc., son actividades que se aprenden mientras se realizan. (2) Pedagógicos: La escritura se evalúa en diferido, según una multiplicidad de estrategias que pueden ser individual o colectivamente, con o sin anotaciones, durante o después de la clase. (3) Cognitivos: Basándose en el cuaderno como sistema de conceptualización materializado, es necesario enseñar a trabajar con el cuaderno y no sobre él.[22] Ofrecer el cuaderno como espacio de libre expresión, individual, grupal o ambas, empleando los conocimientos que se tienen de escritura, podría constituir un medio para facilitar y estimular el aprendizaje dentro de cualquier materia de estudio.



[1] Mª del Mar del Pozo Andrés y Sara Ramos Zamora, "El cuaderno de clase como instrumento de acreditación de saberes escolares y control de la labor docente", en A.A.V.V.:. La acreditación de saberes y competencias. Perspectiva histórica. Oviedo, Universidad de Oviedo y SEDHE, 2001, pp. 481-501.

[2] Mª del Mar del Pozo Andrés y Sara Ramos Zamora, "Representaciones de la escuela y de la cultura escolar en los cuadernos infantiles (España, (1922-1942)", en VIII Congreso Internacional de Historia de la Cultura Escrita, Alcalá de Henares, 5 al 8 de julio de 2005, en prensa, p. 2.

[3] Michael W. Apple, "El libro de texto y la política cultural", en Revista de Educación, nº 301 (mayo-agosto), p. 109.

[4] Pierre Bourdieu (2001). La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza.  Madrid, Editorial Popular, pp. 76.

[5] Anne-Marie Chartier, "Travaux d'élèves et cahiers scolaire: l'histoire de l'éducation du côté des pratiques", en Etnohistoria de la escuela. XII Coloquio Nacional de Historia de la Educación, Burgos, Universidad de Burgos y Sociedad Española de Historia de la Educación, 2003, p. 34.

[6] El Centro de Investigación MANES es un proyecto que tiene como objetivo principal la investigación de los manuales escolares producidos en España, Portugal y América Latina durante el período 1808-1990.

[7] Pozo Andrés, Mª del Mar y Ramos Zamora, Sara: "Los cuadernos de clase como representaciones simbólicas de la cultura escrita escolar". XII Coloquio Nacional de Historia de la Educación, Etnohistoria de la Escuela. Burgos 18 a 21 de junio, 2003, p. 658.

[8] Venimos así a añadir otra librería y papelería que fabricaba o vendía cuadernos escolares estandarizados a la lista presentada por María del Mar del Pozo y Sara Ramos en "Los cuadernos de clase como representaciones simbólicas de la cultura escrita escolar", Burgos, 2003, pp. 656 y 657.

[9] El Grupo Escolar José Echegaray era una escuela de niñas, ya desaparecida  de Madrid situada en la calle Serrano.

[10] El Grupo Escolar Patriarca Obispo Eijo Garay era una escuela de niñas de Madrid situada en la calle López de Hoyos. Existe actualmente como colegio público. Fue fundado a principio de los años 50 como centro piloto. La etapa escolar de maternal era la más experimental. Pilar Va era amiga de Carmen de la Villa Rodríguez, directora del centro, porque se conocieron en la Universidad.

[11] La complejidad del cuaderno como fuente documental estriba en la falta de un consenso unánime sobre el concepto y la definición del cuaderno, en parte debido a su reciente aparición, adopción y aceptación como fuente documental, a su falta de historia y a la amplia y diversa tipología existente. Anne-Marie Chartier describe los cuadernos como fuentes discontinuas y elípticas, en "Travaux d'élèves et cahiers scolaire: l'histoire de l'éducation du côté des pratiques", en Etnohistoria de la escuela. XII Coloquio Nacional de Historia de la Educación, Burgos, Universidad de Burgos y Sociedad Española de Historia de la Educación, 2003, p. 1.    

[12] Antonio Viñao. "Los cuadernos escolares como fuente histórica: Aspectos metodológicos e historiográficos", en Annali di Storia dell'Educazione e delle Istituzioni Scholastiche, 13, 2006, en prensa, p. 6.

[13] Sólo encontramos referencias a las fábulas de Iriarte y Samaniego en dos de los cuadernos.

[14] Mª del Mar del Pozo y Sara Ramos. "Representaciones de la escuela y de la cultura escolar ...", p. 28.

[15]Ibídem, p. 2.

[16] Ibídem, p. 2.

[17] Gimeno, J. (1991): "Los materiales y la enseñanza". Cuadenos de Pedagogía nº 194. pp. 10-15.

[18] Ballesta Pagán, Javier: "Función didáctica de los materiales curriculares". Documento en línea http://dewey.uab.es/pmarques/EVTE/matcurri.doc

[19] Basándonos en la definición de Ruiz Berrio, citada en Pozo Andrés, Mª del Mar y Ramos, Sara: "El cuaderno de clase como instrumento de acreditación de saberes escolares y control de la labor docente", en XI Coloquio Nacional de Historia de la Educación. La acreditación de saberes y competencias. Perspectiva histórica. Oviedo, 2001,  p. 481.

[20] Puelles, Manuel de (2002). Educación e ideología en la España Contemporánea. Madrid, Tecnos, p. 290.

[21] Pozo Andrés, Mª del Mar y Ramos, Sara. "El cuaderno de clase como instrumento...", p. 484.

[22] Anne-Marie Chartier, ""Travaux d'élèves et cahiers scolaire: l'histoire de l'éducation ... », p. 35.