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En
esos tiempos convulsos se ve con claridad que es necesario mostrar
una actitud atenta para percibir con la antelación suficiente
cualquier cambio que pueda ser el indicio de una crisis. En educación
los cambios legislativos se suceden, las controversias sobre el
currículo que debe impartirse se inician...
Es
preciso mantener un criterio claro de defensa de los objetivos
sociales ya alcanzados. Aprender bien una lección es la
lección más difícil que nos ofrece la historia.
No es sólo que haya que tener memoria, indispensable, que haya
que comprender el sentido de la lección que hay que aprender,
su valor moral, es que hay que ser capaz de de aplicarla en
diferentes supuestos y situaciones. Los seres humanos andamos siempre
aprendiendo lecciones que se podían dar por conocidas. La
sociedad avanza en los campos científico y tecnológico
basados en conocimientos que se valoran y evalúan desde el
inicio de la escolaridad de los alumnos. Pero retrocede en aspectos
relativos a la convivencia y ciudadanía que no
son valorados -evaluados- desde el inicio de dicha escolaridad.
¿Podría establecerse alguna relación? En esos
momentos de crisis -violencia de género, alumnos que graban
en sus móviles situaciones de acoso a compañeros,
disrupción en las aulas, etc.- es cuando se percibe con
claridad la fragilidad de los objetivos sociales, culturales y hasta
económicos y ecológicos que hemos podido lograr en
estos últimos años
Analicemos
cómo se desarrolla el proceso para establecer el currículo
de un área o materia.
El
procedimiento para establecer el currículo de una materia, el
currículo que se imparte a los alumnos en las aulas, lleva
siempre unos pasos determinados que el profesorado de cada
institución docente debe seguir.
Las
Administraciones educativas de las CCAA, apoyándose en las
propuestas que el gobierno establece en los Reales Decretos de
desarrollo de una Ley, publican los Decretos de currículo. Es
la norma básica para todos los centros de la respectiva
Comunidad autónoma, la que fija contenidos y objetivos y
establece criterios de evaluación.
Desde
la Inspección de educación se orienta al profesorado a
elaborar las programaciones didácticas basándose en las
propuestas de estas normas -los decretos que establecen el
currículo- que deben ser el referente de planificación
y aplicación del proceso de enseñanza aprendizaje. Es
una responsabilidad y un derecho al que no debería renunciar
el profesorado. Pero lo hace con frecuencia siguiendo
sistemáticamente las indicaciones y propuestas del libro de
texto que en lugar de herramienta se acaba transformando en guía.
Una
segunda responsabilidad que el profesorado asume consiste en la
selección de los libros de texto para lo que generalmente no
establece criterios y para lo que, a nuestro juicio, debería
proponer criterios explícitos y de cercanía al
currículo que propone su respectiva Comunidad autónoma.
Esto evitaría cambios innecesarios ante el inevitable relevo
de profesores que puede producirse en un centro al inicio de cada
curso escolar.
Si
la base son los decretos, el problema no son los contenidos, sino la
adaptación de los mismos al centro y a los alumnos. En la
enseñanza pública, en España, el Claustro o
quipo docente se constituye, no por proyectos comunes o ideas
compartidas, sino en torno al derecho a un puesto de trabajo que se
logra tras la participación en el concurso de traslados, por
ello es difícil unificar en torno a un proyecto común
las distintas concepciones, criterios y puntos de vista del
profesorado y es difícil ejercer un liderazgo que permita
mantener un rumbo coherente en la definición de valores y
principios.
Si
una familia decide llevar a un alumno a un determinado centro
educativo, suele poner su confianza en el profesorado del mismo. Un
alto porcentaje de familias manifiesta estar satisfecha o muy
satisfecha con el centro en que su hijo está escolarizado.
Esta confianza obliga a los maestros y profesores a dar la respuesta
que se espera de ellos. El problema, desde esta perspectiva, no se
plantea para aquellos padres que obtienen en el proceso de
escolarización el centro que solicitan, los que desean un
centro público, religioso o con un carácter propio
determinado y lo obtienen, sino para aquellos otros que no consiguen
el centro que solicitan como primera opción en el proceso de
escolarización.
Sin
embargo, un centro lo hacen profesores, alumnos y familias
comprometidas en la educación de sus hijos. Si los valores que
recoge el Proyecto educativo son propuestos, conocidos y respetados
por todos los profesores y también por los alumnos y las
familias, no hay razón para desconfiar de los contenidos de
enseñanza de cualquiera de las materias que se impartan en el
centro.
Hoy
se piensa que a través de la evaluación de centros y
las evaluaciones censales o de sistema lograremos por un lado
controlar la acción en los centros docentes y por otro conocer
los puntos fuertes y débiles del sistema educativo. La
evaluación puede anticipar pero no asegura. Lo importante son
las concepciones. Las ideas compartidas, los valores conocidos y
compartidos. La línea educativa, única de cada centro,
que el profesorado debe asumir y anteponer a las propias ideas y
convicciones.
Milagros
Muñoz Martín
Fernando
Faci Lucía
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